Le llamaban “Ñato”, el hombre orquesta de la guerrilla

Solapas principales

En la mañana del día 15 noviembre de 1967 los guerrilleros sostuvieron su último combate frente al ejército. Ñato, que estaba de posta, siente la llegada del enemigo y corre a despertar a los demás. De inmediato emprenden la retirada en medio de una violenta balacera. En la fuga, se dan cuenta de que Ñato, Julio Luis Méndez Korne, se ha retrasado, intentaba recoger un saco con alimentos. No le dio tiempo, en ese instante es alcanzado por un proyectil que se le incrusta en la espalda y lesiona gravemente su columna vertebral.

Según relata la escritora Elsa Blaquier Ascaño en su libro “Seguidores de un sueño”, herido y ante la imposibilidad de caminar, el bravo guerrillero exige que se cumpla el compromiso contraído por todos de que si alguien quedaba en esas condiciones se le quitara la vida antes de permitir que cayera en manos del enemigo. La situación resultó muy difícil por el enorme respeto y cariño que le profesaban al compañero con quien habían compartido múltiples peligros y vicisitudes.

El coronel retirado Leonardo Tamayo contó a la novelista que Ñato entregó su fusil y la canana (cinturón, cartuchera) y alzando la cabeza “ordena” el disparo que terminó con el insoportable dolor y con su vida. Para sus compañeros aquel fue el momento más terrible que enfrentaron.

Al consignar en su Diario las múltiples misiones que se le encargaron a Julio, el Che escribió: buscaba alimentos, llevaba mensajes, realizaba exploraciones, acondicionaba una cueva para que sirviera de campamento, construía balsas, hallaba lugares seguros para ocultar medios y pertrechos, era designado como bazuquero.

El cubano Harry Villegas (Pombo), hoy General de Brigada retirado, lo definió como “uno de los hombres más útiles de la guerrilla. Especie de resuélvelo todo, cuya capacidad de trabajo, espíritu de sacrificio y condiciones revolucionarias le hicieron acreedor de respeto y cariño entre los combatientes (…) experto tirador, machetero, cocinero, carnicero. Era quien construía los hornos para pan; el carpintero de la casa de calamina, el jefe de abastecimientos en los primeros días de preparación… (…). Ñato se convirtió en un taller ambulante, pues transportaba en su mochila: hacha, alicates, clavos, suelas, bigornia, enseres para coser; en fin, todo lo que fuera útil para la supervivencia guerrillera”.

La tragedia que condujo a la muerte del Ñato comenzó el 8 de octubre cuando el Comandante Ernesto Che Guevara es capturado vivo y conducido a La Higuera. Diez de sus guerrilleros tratan de romper el cerco que le habían tendido soldados del ejército boliviano. Durante horas entablan combate. Cuatro perdieron la vida. Seis sobrevivientes intentan ganar la parte más alta de la Quebrada del Yuro.

Según cuenta Pombo, ante la amarga realidad de la muerte del Che, el 9 de octubre de 1967, todos juraron combatir unidos y que nadie caería prisionero ni abandonaría el grupo.

Con audacia y explotando al máximo sus dotes de guerrillero, los combatientes  continuaron la marcha mientras eran perseguidos por más de 300 efectivos enemigos. Avanzan de noche, duermen uno contra el otro para disminuir el frío que cala hasta los huesos, el calor de los cuerpos los ayuda a resistir. Amanece y vuelven al camino pero se cuidan y deshacen las huellas, trepan árboles para vigilar a los militares, se internan en los ríos para despistar el olfato de los perros.

El objetivo era llegar a la ciudad de Cochabamba, pero las posiciones ocupadas por el ejército les hicieron cambiar el rumbo y dirigirse a Valle Grande. Llegan a un punto en el que logran divisar las luces de la ciudad ubicada cerca de los Andes.

El 14 de noviembre de 1967, auxiliados de un mapa bordean el pueblo y continúan la marcha en busca de información y para comprar alguna ropa. La misión les fue asignada a Urbano (Leonardo Tamayo Núñez) y al Ñato.

Avisados de que la guarnición está reforzada deciden abandonar, sin demora, el caserío y reunirse con los compañeros quienes ansiosos los esperaban, entre ellos un traidor: Benigno, su nombre: Dariel Alarcón Ramírez. Caminan toda la noche hasta que el agotamiento los vence.

El 15 noviembre de 1967 fue otro día aciago para los guerrilleros del Ñancahuazú. Habían perdido al Ñato quizás del modo más doloroso: cumpliendo la promesa de “quitarle” la vida antes de dejarlo caer en manos del enemigo. Tenía 30 años de edad.

Julio Méndez Korne nació el 23 de febrero de 1937 en el poblado de Loreto del departamento de El Beni. Fue miembro del Partido Comunista de Bolivia. Ayudó a escapar, como remero y guía a través de la selva, a los guerrilleros sobrevivientes del Ejército de Liberación Nacional del Perú quienes atravesaron Bolivia. Esa valiente actitud le valió ser seleccionado para organizar el foco de los combatientes del Ñancahuazú y recibir entrenamiento militar en Cuba. Por su militancia también viajó a la antigua Unión Soviética.

En los meses previos a la formación del grupo, se encargó -junto a otros tres compañeros- de buscar el equipamiento militar y la finca que fue considerada por el Comandante Guevara y sus compañeros cubanos como una alternativa para el inicio de la lucha.

Casi recién llegado de Cuba escribió la última carta a su familia, les decía que no les podía escribir ni avisar dónde estaba y le indica a sus hermanos varones que “tenía un fusil para cada uno y que cuando los mandara a llamar sería para pelear contra los enemigos”.

Según refiere Elsa Blaguier Ascaño, Julio le dice “a su hermana Nelly y a su padre: “No tengan pena de mí (…). De lo mío pueden disponer con toda confianza que ya no lo necesito, pues me estoy yendo al monte”. Eso sí, “defendió” sus ocho discos de música cubana, se los envío pero les dijo que lamentaba no poder regalárselos “porque son el recuerdo de mi novia”, aunque les dejó un mensaje: “ahora, si yo muero en la batalla (…) les quedarán como recuerdo”.

Ñato se integró a la guerrilla en diciembre de 1966. Fue asignado a la parte centro de la columna bajo las órdenes directas del Che, quien en la última evaluación que hiciera de él lo  definió como “muy bueno; es protestón, pero ha resultado firme y un buen combatiente amén de que sus múltiples habilidades lo hacen un hombre orquesta”.

El conocimiento que tenía de la selva y la variedad de oficios que dominaba fueron de gran utilidad. Le consideraban como uno de los hombres indispensables. Además de ser un excelente combatiente, cosía la ropa de sus compañeros, reparaba las hamacas y se ocupaba de resolver problemas cotidianos que hacían menos tortuosa la vida en el monte.

Hasta alivio ofreció a los pies del Che con las rústicas abarcas (envoltorio de cuero, especie de alpargatas) que le confeccionara, a mano, cuando el Guerrillero Heroico perdió sus botas en el cruce de un río; el Comandante Guevara las llevaba puestas el día que lo asesinaron.

Los restos de Julio Luis Méndez Korne, el Ñato, fueron encontrados el 13 de febrero de 1998 y el 30 de diciembre de ese mismo año se colocaron en un nicho, junto a sus compañeros caídos en combate, en el Memorial Ernesto Che Guevara de la ciudad de Santa Clara, en Cuba.